La hipnosis es una condición alterada, o estado alterado de conciencia, que se caracteriza por un marcado incremento de la receptividad a la sugestión, por la capacidad de modificar la percepción y la memoria, y por el potencial para un control sistemático de una variedad de funciones usualmente involuntarias (como la actividad glandular, la actividad vasomotora, etc.)
El uso de estados de trance para aliviar las enfermedades se remonta a los inicios de la historia de la medicina. El vínculo antiguo con la hipnosis moderna más conocido son los templos del sueño de los egipcios, los griegos y los romanos. Al entrar en trance (estado de atención focalizada) uno se siente profundamente relajado. La mente consciente cesa de controlar los pensamientos, el entorno pierde importancia y se adquiere mayor conciencia de los sentimientos y las sensaciones interiores.
La sensación que se experimenta durante la hipnosis es similar a la fase previa al sueño. Muchas personas, mientras las hipnotizan, se sienten físicamente relajadas y mentalmente alerta (¡no es sueño!). Hay quien afirma que la sensación es parecida a la de la meditación; otros, a la de después de un masaje e incluso otros dicen que se parece a los sentimientos enfáticos que producen ciertas drogas. Permanecer bajo hipnosis resulta en sí mismo relajante para aquellas personas que pasan gran parte del día en un estado de tensión.
Cuando estamos relajados y nuestra concentración (¡no estamos dormidos en hipnosis!) es tan intensa que no nos distraen los ruidos exteriores ni otros estímulos, nos encontramos en estado de hipnosis ligera. Este estado hipnótico se va intensificando, se va “profundizando”, según lo que el hipnoterapeuta necesite tratar.
Los métodos de inducción al estado hipnótico
Los métodos más comunes que un hipnoterapeuta puede usar para inducir el estado hipnótico a una persona son:
La inducción rápida: Funciona con personas muy sugestionables y/o personas que ya se las ha hipnotizado anteriormente y requiere una gran atención del sujeto.
La inducción de fijación: El sujeto debe fijar la atención en un objeto concreto, por ejemplo, la mano o dedos del hipnoterapeuta y abstraerse del resto de estímulos.
La inducción con relajación sistemática: El hipnoterapeuta le da a la persona una serie de órdenes verbales monótonas y sugestiones que facilitan la progresiva relajación muscular y mental imitando el mismo proceso al que asistimos cada noche cuando nos disponemos a dormir.
El fenómeno hipnótico
Desde el siglo pasado se ha intentado explicar el fenómeno hipnótico. Se ha comparado a la sugestión, a una histeria provocada o al sueño. No es sugestión puesto que se puede hipnotizar sin ella, por ejemplo, mirando un objeto luminoso. Y no es sueño por varias razones. En el sueño casi todos los reflejos están inhibidos, mientras que en la hipnosis permanecen. Los registros encefalográficos (EEG) son distintos; y en hipnosis se pueden inducir dinamismos sensorio-motores, mientras que en el sueño no.
Hoy sabemos que en el estado hipnótico se inhiben ciertas concentraciones neuronales del córtex y a la vez se estimulan otras. Con el electroencefalograma (EEG) vemos que las personas hipnotizadas producen sobre todo ondas Alfa, que indican un estado relajado, o bien ondas Zeta, previas al sueño. (Las ondas Beta señalan alerta y las Delta, sueño profundo). De esta manera, podemos constatar que el patrón de ondas cerebrales registrado por los EEG ha demostrado que el estado psicológico de una persona hipnotizada difiere del de una persona dormida. Ya James Braid, en el siglo XIX, observó que los músculos no se relajan como en el sueño y, al entrar en trance profundo, la persona no deja caer los objetos que sujeta en la mano. Además, los reflejos desaparecen durante el sueño y en cambio pueden ser provocados durante la hipnosis.
Las nuevas tecnologías, entre ellas la tomografía de emisión de protones (escáneres TEP) y la tomografía axial computerizada (escáneres TAC), examinaron la implicación de los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro durante la hipnosis. Las investigaciones demostraron que la actividad del hemisferio izquierdo, el pensamiento lógico, cesaba para dar paso a la del derecho, el cual está relacionado con la imaginación creativa. Este hecho reforzó la idea de que la hipnosis es verdaderamente un cambio de estado. En el escáner de resonancia magnética rápida (MRI), durante la sesión de hipnosis, se observa cómo la actividad migra desde el lóbulo frontal a los lóbulos parietal, occipital y temporal. Parece que el énfasis se pone en las áreas “más antiguas” en términos de la evolución del cerebro.
Los estudios realizados utilizando escáneres MRI han demostrado que la corteza cingulada, la parte del sistema límbico relacionada con la expresión emocional, registra una gran actividad durante la hipnosis. Esto sugiere que la hipnosis resulta más útil que la relajación por sí sola para ayudar a las personas a conectar mejor con sus sentimientos.
Los tratamientos mediante hipnoterapia
La hipnosis puede aliviar prácticamente cualquier tipo de dolor. Se usa para tratar la artritis y los problemas de espalda, así como alternativa natural a la anestesia durante intervenciones quirúrgicas. Además ayuda a paliar los síntomas y a reducir los efectos de trastornos crónicos como el síndrome del intestino irritable, el asma o los eczemas.
La hipnosis se usa también para tratar la ansiedad, la tensión, la depresión, las fobias y las obsesiones y, además, puede ayudar a dejar las adicciones al tabaco, el alcohol o las drogas. En el caso de las fobias, la hipnosis ayuda a reducir la ansiedad que sufre la persona y se le enseña a abordar el problema con calma. Esto se logra recreando una imagen de la situación fóbica en la que la persona aparece relajada (desensibilización).
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