La
autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de
ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y
espirituales que configuran nuestra personalidad. La autoestima se aprende, uno
aprende a querese a partir del amor, la valoración y la aceptación de sus
padres o cuidadores. Es a partir de los cinco o seis años cuando empezamos a
formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, cuidadores,
maestros) y también los que interactúan con nosotros, es decir, los compañeros,
amigos, etcétera, junto con todas las experiencias valorativas y de apoyo que
vamos adquiriendo. Todo el conjunto de estas experiencias primarias en nuestra
vida van a generar las bases para uno tenga una buena percepción de sí mismo y
se sienta seguro dentro de su piel o, en su defecto, se sienta inferior e
inseguro lo que va a hacer que tienda a buscar la seguridad que no tiene en sí
mismo, en su “interior”, en el “exterior” en los demás, de muchas formas y
maneras, por ejemplo, buscando la aprobación y la admiración de los demás.
Según como
se encuentre nuestra autoestima, ésta será la responsable de muchos fracasos y
éxitos, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de uno
mismo, potenciará la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades
y aumentará el nivel de seguridad personal, mientras que una autoestima baja
enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso y hacia la inseguridad
personal, ya que es difícil confiar en alguién que para mí está desacreditado.
Un niño y una niña pequeños se sienten seguros cuando se sienten queridos y,
una vez adultos va a ser nuestra autoestima la que nos va a hacer sentir
seguros en nuestra vida.
LA AUTOESTIMA EN LA
HIPNOTERAPIA
La autoestima es un objetivo, un ejercicio, una
“argumentación” en hipnosis, que forma parte de casi todos los tratamientos,
incluidos los fisiológicos, porque la autoestima podríamos decir que es como el
“motor” que pone en marcha todo lo demás.
Es un hecho que “cuidamos” aquello que queremos, que
estimamos importante para nosotros, lo mismo ocurre para con nosotros mismos.
Una persona nos viene a consulta porque, de alguna manera, una parte de ella ha
decidido “cuidarse”, mejorarse, sentirse bien. Pero, lo que observamos en la
mayoría de los casos, es como si la persona estuviera dividida en dos: una
parte de ella necesita y desea cambiar pero hay otra parte que se resiste al
cambio, que se resiste a mejorar (física y emocionalmente) ya sea por el miedo a
lo nuevo o porque hay un “rendimiento” neurótico, por ejemplo, de tener motivos
para quejarse, para odiarse y desearse castigo o que “siendo así la gente se
compadece de mí”, o también, “necesito que me odien o que me critiquen”. Bien,
esto obviamente son las contradicciones neuróticas en las que viven muchísimas
personas durante toda su vida. Por esto es tan importante reforzar la
autoestima porque sin autoestima, sin autoaceptación, no es posible que el
tratamiento avance. La autoestima es una prioridad.
Entonces, en prácticamente todos los tratamientos hay un
ejercicio de autoestima adaptado a la
situación que la persona necesita superar. Si, por ejemplo, nos viene por un
problema de tabaquismo, alcoholismo o drogas, es fundamental que exista
motivación para cambiar y esa motivación surge del deseo de cuidar aquello que
amamos. Lo mismo ocurre con los trastornos de la alimentación y con el resto de
dificultades del comportamiento, y la relación con los demás. En el caso de la
depresión, el reforzamiento del ego es un punto importantísimo. Y así podríamos
hablar de casi todos los casos que se nos presentan en la consulta, tal como
iremos viendo a lo largo de los sucesivos seminarios.
Es un objetivo primordial en la hipnoterapia aumentar la
autoestima y la seguridad de las personas en sí mismas. Si uno confía
plenamente en sus capacidades, le resultará mucho más fácil convencer a los
demás de que las posee. Sentirse bien con uno mismo repercute positivamente en
muchos otros aspectos de la vida, que pueden ir desde mejorar las relaciones en
el trabajo hasta persuadir a sus clientes para que compren sus productos o,
incluso, disfrutar de una vida amorosa y sexual mucho más plena y gratificante,
sin contradicciones neuróticas ni inhibiciones.
Los problemas de la baja autoestima pueden estropear la vida
de una persona y hacerle perder grandes oportunidades; por ejemplo, puede no
tener confianza para acudir a actos sociales o hablar sin ansiedad con el sexo
opuesto. Un ejemplo extremo de falta de autoestima es la fobia social, un
trastorno que lleva a quienes lo padecen a evitar todo acto social. Cuando se
ven forzados a mezclarse con gente,
hablar en público, asistir a una invitación con gente que todavía no conocen,
los afectados experimentan síntomas típicos de las cirsis de ansiedad, como
palpitaciones, sudor, se les reseca la boca y se ponen rojos. Es un problema
que es urgente tratar ya que estas personas están más propensas a refugiarse en
el alcohol y las drogas que el resto de personas.
Bajo hipnosis, es posible sugestionamos al paciente para que
se sienta mejor consigo mismo, tranquilo, confiado, y para que disfrute
socializándose, en el caso de fobia social. Básicamente, en estado hipnótico se
le introducen una serie de “argumentaciones” sugestivas con el fin de que se
acepte a sí mismo, que se vea bien y orgulloso de sí mismo en diferentes
situaciones.
Solamente a partir de la autoestima y la autoaceptación uno
puede sentirse seguro. El miedo surge cuando uno no se siente seguro. A la
persona en hipnosis, junto con el ejercicio de autoestima, se le infunde seguridad en sí misma y se la ayuda a
aceptarse sugestionándola para que se sienta orgullosa y se muestre como
realmente es. Por ejemplo, bajo hipnosis, el terapeuta puede pedirle que
visualice una pizarra con todas la
etiquetas incómodas que le han asignado en el pasado; en su imaginación, puede
borrar todas las palabras negativas de su mente con un borrador, para que dejen
de tener sentido.
Muchas personas que no se quieren a sí mismas y, por tanto,
no tienen confianza en sí mismas pueden cambiar esto por medio de una serie de las
“argumentaciones” sugestivas en estado hipnótico; sin embargo, a veces hay
auténticas resistencias al cambio debido a que hay problemas más hondos que
debemos abordarlos a un nivel más fundamental. La falta de autoestima puede deberse a haber
sufrido abusos sexuales o falta de cariño y aceptación en la infancia. También
puede responder a sentimientos arraigados relacionados con los padres o figuras
autoritarias que las han hecho sentirse inseguras o fracasadas. Así, muchos
casos, es necesario recurrir al hipnoanálisis con la terapia de regresión de
edad para revivir los recuerdos y los traumas del pasado que siguen “vivos” en
el subconsciente condicionando severamente el presente, y tratarlos convenientemente.
A continuación, se anotan, brevemente, los síntomas
atribuibles a la baja autoestima y los que, en general, se atribuyen a una
persona con una buena autoestima.
Actitudes o
posturas habituales que indican baja autoestima
- Autocrítica dura y excesiva
que mantiene a la persona en un estado de insatisfacción.
- Hipersensibilidad a la
crítica, por lo que se siente exageradamente atacada, herida; echa la
culpa de los fracasos a los demás o a la situación, cultiva resentimientos
tercos contra sus críticos.
- Indecisión crónica, no por
falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse.
- Deseo innecesario por
complacer, por lo que no se atreve a decir “no”, por miedo a desagradar y
a perder la buena opinión del otro.
- Perfeccionismo, autoexigencia
esclavizadora de hacer “perfectamente” todo lo que intenta, que conduce a
un desmoronamiento interior cuando las cosas no salen con la perfección
exigida.
- Culpabilidad neurótica, por
la que la persona se acusa y se condena por conductas que no siempre son
objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y/o los lamenta
indefinidamente, sin llegar nunca a
perdonarse por completo.
- Hay una hostilidad flotante,
irritabilidad a flor de piel, siempre a punto de estallar aún por cosas de
poca importancia, es propia del supercrítico a quién todo le sienta mal,
todo le disgusta, todo le decepciona y nada le satisface.
- Tendencias defensivas, un
negativo generalizado (todo lo ve negro: su vida, su futuro y sobre todo a
sí mismo) y una inapetencia generalizada del gozo de vivir y de la
vida misma.
Características
de la autoestima positiva
- Esta persona cree en ciertos
valores y principios y está dispuesta a defenderlos, aún cuando los demás
no estén de acuerdo, sin sentirse incómoda, pero también se siente lo
suficientemente segura como para modificar su punto de vista, su
valoración de las cosas si nuevas experiencias indican que estaba
equivocada.
- Es capaz de obrar según crea
más acertado, confiando en su propio juicio y sin sentirse culpable cuando
a otros le parece mal lo que haya hecho o simplemente tengan una opinión
diferente, porque sabe que son sólo eso, opiniones, esta persona se siente
cómoda en su propia opinión.
- No emplea demasiado tiempo
preocupándose por lo que haya ocurrido en el pasado ni por lo que pueda
ocurrir en el futuro. Sabe que el pasado jamás lo podrá cambiar, le sirve
para hacer mejor su presente no repitiéndolo.
- Tiene confianza en su
capacidad para resolver sus propios problemas y esta confianza hace que no
viva las equivocaciones, y las dificultades de la vida, como fracasos sino
como oportunidades para aprender cómo sentirse más cómoda y realizada en
su vida.
- Se considera, y realmente se
siente igual como persona, a cualquier otra persona aunque reconoce que puedan
existir diferencias en talentos específicos, prestigio profesional o
posición económica.
- Da por supuesto que es una
persona interesante y valiosa para los demás, debido a que ella, para sí
misma, se siente interesante, singular y valiosa; por eso no tiene ningún
miedo neurótico para expresar su opinión y presentarse a sí misma en
público.
- Al no “necesitar”
neuróticamente a los demás no se deja manipular aunque está dispuesta a
colaborar y compartir si le parece apropiado y conveniente.
- Reconoce y acepta en sí misma
una variedad de sentimientos e inclinaciones, tanto positivas como
negativas, y está dispuesta a
revelarlas a otra persona si le parece que vale la pena.
- Es capaz de disfrutar de diversas
actividades como trabajar, jugar, disfrutar de la sexualidad, descansar,
caminar, estar con amigos, etc., es decir, siente que “la vida es para
vivirla”.
- Es sensible a las necesidades
de los otros, respeta las normas de convivencia generalmente aceptadas,
reconoce sinceramente que no tiene derecho a mejorar o divertirse a costa
de los demás y, en general, es una persona empática.
- La persona con buena
autoestima se acepta a sí misma y esto hace que se sienta segura en la
vida al confiar plenamente en sus capacidades. Su autoconcepto, la opinión
de sí misma, es de aprobación y autoacreditación, por esto se siente
segura.
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